Ingeniería histórica
La ingeniería de la luz en las orangeries europeas
Las orangeries y los invernaderos del siglo XIX representan un hito en el diseño de espacios abiertos controlados. Este artículo explora la evolución de los lucernarios de vidrio desde las primeras estructuras de madera en Versalles hasta las audaces armaduras de hierro forjado del Palm House en Kew Gardens.
El cálculo de las pendientes de los techos era una cuestión central: se buscaba maximizar la entrada de luz invernal —cuando el sol está bajo— y minimizar el sobrecalentamiento estival. Los ingenieros del siglo XIX desarrollaron tablas de ángulos óptimos para cada latitud, combinando la geometría solar con la resistencia estructural del hierro. En el Palm House (1844–1848), la curvatura de los arcos de vidrio sigue una parábola calculada para que los rayos de diciembre penetren hasta el suelo, mientras que en junio la mayor parte de la radiación se refleja.
Los sistemas de ventilación eran igualmente sofisticados. Rejillas en la base de los muros permitían la entrada de aire fresco, mientras que contraventanas accionadas por cremalleras en la cumbrera expulsaban el aire caliente. En la Orangerie del Palacio de Versalles, construida por Jules Hardouin-Mansart entre 1684 y 1686, el muro norte de piedra maciza actuaba como acumulador térmico, liberando calor durante la noche. Este principio de inercia térmica fue perfeccionado un siglo después en los invernaderos de los jardines botánicos de Berlín y Viena.
El impacto de estos espacios en la botánica y la horticultura fue inmenso. Por primera vez, especies exóticas como el plátano de sombra, la palmera datilera o el café pudieron cultivarse en climas templados durante todo el año. Los lucernarios de vidrio no solo transformaron la arquitectura civil, sino que permitieron la aclimatación de plantas que antes solo se veían en grabados. El Crystal Palace de Joseph Paxton (1851) llevó esta lógica a una escala urbana, demostrando que un espacio completamente acristalado podía albergar un bosque tropical en pleno Londres.
Este artículo se basa en planos originales de los archivos de los Reales Jardines Botánicos de Kew y en tratados de ingeniería del siglo XIX, como el Traite de la construction des serres de Jean-Baptiste Jobard (1849). Se incluyen diagramas de los ángulos de incidencia solar y tablas de temperaturas registradas en diferentes estaciones, que muestran una diferencia de hasta 12 °C entre el interior y el exterior en días de invierno.
Alejandro Gálvez
Arquitecto e investigador en climatización pasiva histórica
Doctor en Arquitectura por la Universidad de Sevilla. Ha publicado estudios sobre la ventilación natural en la Alhambra y los patios de Córdoba. Colabora con el grupo de investigación Hábitat y Energía desde 2012.
La tradición islámica de los espacios abiertos interiores
Publicado el 12 de marzo de 2025 · 8 min de lectura
Los patios andaluces, herederos de la tradición islámica, son ejemplos magistrales de diseño bioclimático. Este artículo se centra en la Alhambra de Granada, donde el Patio de los Leones y el Patio de los Arrayanes utilizan fuentes, estanques y vegetación para humidificar y refrescar el aire.
Se analiza la geometría de los arcos y las columnas, que crean zonas de sombra y permiten la circulación de las brisas dominantes. Además, se comparan estos patios señoriales con los patios de vecindad en Córdoba y Sevilla, donde el pozo, las macetas y la disposición de las habitaciones alrededor del espacio central conforman un microclima habitable durante los meses más cálidos.
El artículo incluye diagramas de flujo de aire y tablas de temperaturas registradas. La orientación del patio respecto al sol y a los vientos predominantes determina la eficacia del sistema: un patio estrecho y alto genera sombra casi permanente, mientras que uno ancho y bajo favorece la ventilación cruzada.
En la Alhambra, el agua no solo cumple una función estética: la evaporación en las fuentes reduce la temperatura del aire circundante hasta 4 °C en verano. Las columnas esbeltas y los arcos de herradura permiten que el aire circule sin obstáculos, mientras que los aleros de madera protegen los muros de la radiación directa.
Este conocimiento empírico, transmitido durante siglos, sigue siendo relevante hoy para el diseño de espacios abiertos en climas mediterráneos. La pregunta que muchos clientes plantean antes de iniciar una rehabilitación es si es posible recuperar estos principios sin renunciar al confort contemporáneo. La respuesta, como veremos, es afirmativa, siempre que se respeten las proporciones y los materiales originales.
Si tienes dudas sobre cómo aplicar estos sistemas pasivos en tu proyecto, puedes escribirnos a info@accessespritsouverts.com o llamar al 987-17-5723.